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EL PODER DE TU MIRADA

14 enero, 2019

Según parecen demostrar recientes investigaciones, la energía trasmitida por los ojos, puede actuar sobre el mundo material que nos rodea. Al mirar a las estrellas nuestra mente se extiende hasta tocar esos cuerpos celestes. Si miramos con amor, acariciamos. Si lo hacemos con odio, podemos herir más fuertemente que asestando un gran golpe.

Es muy simple: usted siente un ligero cosquilleo debajo de la nuca, que le hace volver la cabeza, y entonces su mirada se tropieza con la de alguien que le está observando fijamente, con muy buenos o con muy malos ojos.
Parece sencillo, pero hace doscientos años que los mastines positivistas de Occidente están tratando en vano de roer ese hueso.

TOCAR CON LA MIRADA

Mirar a la nuca de un desconocido, para que vuelva la cabeza, es tan simple que cualquiera de nosotros puede intentarlo, y sorprenderse al comprobar la cantidad de veces que funciona.

Pero resulta tan endemoniadamente molesto para los cuadriculistas de la realidad que, o bien sumergen la cabeza en la arena de sus dogmas, para no ver algo que obviamente los contradice, o bien etiquetan de mera superstición lo que tantísima gente puede constatar por sí misma como un hecho fácilmente demostra­ble, porque el elevado número de aciertos entraría en contradicción con el que cabe esperar según las leyes de la estadística.

No todos los investigadores, sin embargo, son tan cuadrados.

Rupert Sheldrake

El físico Rupert Sheldrake, autor de la revolucionaria Teoría de los campos morfogenéticos, ­según la cual la modificación positiva de un individuo en su lucha por la vida se transmite de una vez y para siempre a todos los futuros miembros de su especie, sostiene que la mente «está a la vez dentro y fuera del cuerpo».

De manera que la visión podría implicar un proceso de doble vía, un movimiento de la luz hacia dentro y una proyección hacia fuera de las imágenes mentales en el mundo que nos rodea.

Este planteamiento le hubiera valido a Sheldrake la hoguera hace pocos años, pero después de que físicos de la talla de David Bohm presumieran la existencia de un «océano de energía» en el fondo del Universo, un fondo que no sería material ni físico, sino «completamente trascendente», la física contemporánea, gracias a sus propios avances, carece de paradigma y se apresura a aceptar, como hipótesis de trabajo, los planteamientos más audaces, por metafísicos que parezcan.

Rupert Sheldrake
Rupert Sheldrake

Sheldrake se atreve incluso a dar un paso más y postula que esa pro­yección mental podría tener efectos mensurables. Argumenta que si nuestra mente se extiende fuera de nosotros y «toca» lo que estamos mirando,
podríamos afectar entonces a eso que estamos mirando, sencillamente con mirarlo.


«Si miramos a otra persona, por ejemplo, podríamos afectarla por ese mero hecho»


El ridiculizado Franz Anton Mesmer, que dijo exactamente lo mismo hace dos siglos, en el París pre­rrevolucionario, y propuso explicar el fenómeno por medio de lo que denominaba «magnetismo animal», debe estar regocijándose en su tumba.

ONDAS TELEPÁTICAS

Si somos capaces de influir sobre los demás simple­mente con nuestra mirada, resulta que los mesme­ristas y toda la caterva de alucinados que se intere­saron por esta poderosa capacidad tenían razón, al igual que los chamanes precolombinos, entre cuyos últimos descendientes está el indio yaqui Don Juan.

Carlos Castaneda

Carlos Castaneda nos narra, en efecto, cómo su mentor concedía un poder de influencia definitivo a la fascinación, y describía un curioso método de parpadeo para encadenar la voluntad de la persona a quien se dirigiese tan singular forma de mirar.

El poder de la fascinación, reconocido por todas las culturas antiguas y por aqué­llas que siguen desarrollándose en íntimo contacto con la naturale­za, sólo puede tener una explicación científica: el ojo humano es capaz de emitir deter­minado tipo de energía que afecta al entorno en general y, de modo particular, a los seres vivos.


Diferentes Opiniones

Pero el simple planteamiento de esta posibilidad desencadenó, desde el siglo XVIII, una sorda guerra civil, en el ámbito de la comunidad científica, que sigue desarrollándose en nuestros días.


Frente a quienes se negaban ­y siguen negándose­ a dar beligerancia a semejante «superstición», se le­vantaron aquellos otros, empezando por el propio Mesmer, que intentaron experiencias de laboratorio para comprobar la realidad del fenómeno.

Mesmerism: The Operator Inducing a Hypnotic Trance, engraving after Dodd, 1794. Plate from Ebenezer Sibly’s book, A Key to Physic, 1794.



El barón Von Reichenbach, por ejemplo, a finales del siglo pasado, creyó haber descubierto la que bautizó como «fuerza ódica», un singular tipo de energía que fluía del cuerpo humano, particular­mente de la punta de los dedos y, sobre todo, de los ojos.

El gran psiquiatra francés Charcot ­maestro de Freud­ tuvo sobradísimas ocasiones de compro­bar el poder de su propia mirada, en las experiencias hipnóticas a que sometía a sus enfermos mentales del hospital parisino de la Chalpetiere, y también estaba convencido de que ese poder obedecía a una energía de carácter material.

Charcot


Dos científicos soviéticos, los doctores B.B. Kajinski y V.L. Durov llegaron en 1962 a la misma conclusión tras sus ex­perimentos conjuntos. Creyeron haber descubierto que los bastoncillos de la retina del ojo pueden ac­tuar como miniantenas de radio que envían señales telepáticas, y que existe un rayo emitido por el ojo de ocho centésimas de longitud de onda, en el lími­te de las ondas hertzianas y del infrarrojo.

OJOS EN LA NUCA

Que los «rayos» de la mirada sean movidos por gal­gos físicos o por podencos metafísicos, es una cues­tión cuyo sentido empieza a difuminarse cuando la física cuántica ­¿o habría que llamarla fisura cuántica?­ se muestra cada vez menos segura sobre qué pueda ser la materia­antimateria y cómo funciona a nivel subatómico.

Que el pensamiento es una fuerza capaz de influir directamente en la realidad, a través o no de la mi­rada, es algo tan evidente para quien lo ha experi­mentado por sí mismo que no necesita demostra­ción alguna.

Pero es una fuerza que parece influir en el entorno «especialmente» a través de la mirada, y que no se alimenta de otra cosa sino de sentimien­tos.

Así lo han relatado, al describir la sensación de que


«Nos están mirando por detrás»

Novelistas co­mo Tolstoi, Dostoievski, Aldous Huxley, Victor Hugo, Anatole France, Thomas Mann y un largo et­ cétera que incluye figuras como la de sir Arthur Conan Doyle, el «padre» de Sherlock Holmes.

En el libro del ya mencionado Rupert Sheldrake, Siete ex­perimentos que pueden cambiar el mundo, aparece la cita textual de un relato corto del imprescindible Conan Doyle:


«Tuve de repente esa vaga sensación de desasosiego que se les produce a algunas perso­nas cuando las miran atentamente, y, alzando rápido los ojos, encontré los suyos fijos en mí con una intensidad rayana en ferocidad … »


Una mirada intensamente cargada de odio, o intensamente cargada de amor, es el arma natural más poderosa de que disponemos los seres humanos.

En el primer caso generamos el llamado mal de ojo; en el segundo, nos convertimos en una batería de energía positiva, tanto para los demás como para nosotros mismos.

LA MIRADA LIBERA ENERGÍA

La psicóloga inglesa Renée Haynes, una de los esca­sos investigadores contemporáneos que se han atre­vido a estudiar abiertamente este tema, sostiene que una mirada dirigida con firmeza no sólo actúa eficaz­mente sobre las personas adultas, sino que se mani­fiesta con particular contundencia al ser dirigida a los niños pequeños y a los animales domésticos.

Tanto aquéllos como éstos pueden ser despertados dirigiéndoles una intensa mirada y la orden mental correspondiente, afirma Haynes, quien corrobora con tal afirmación las sorprendentes experiencias del profesor Vladimir M. Bekhtrev, del Instituto Reflexológico para la Investigación del Cerebro, de San Petersburgo (Rusia).

Pequeña demostración


El ruso Bekhtrev, como el francés l. Aisberg, creía que la mirada tiene el poder de emitir una energía codificada y susceptible de ser interpretada por un receptor, tanto humano como animal.

Para demostrarlo solía tomar el hocico de un perro con ambas manos, y le dirigía una intensa mirada a los ojos, du­rante treinta o cuarenta segundos, mientras pensaba con no menos intensidad en lo que quería que el pe­rro hiciese a continuación.

El animal, una vez libre, se apresuraba a cumplir ­un número de veces signi­ficativo, siempre más alto que el esperable estadísti­camente­ las sencillas órdenes del etólogo: subirse a una silla, dar tantos o cuantos ladridos, etcétera.

No existe una sola sociedad tradicional en el planeta que no crea en el mal de ojo, asociado a toda clase de emociones negativas por parte del emisor, y de un modo especial a la en­vidia, palabra procedente del verbo latino invidere, mirar intensamente.

Mal de ojo



Pero la otra cara de la moneda es menos cono­cida: el bien de ojo es una capacidad generalmente dormida ­como la propia generosidad de espíritu, a la que está indi­solublemente asociada­ que puede llegar a desa­rrollarse hasta lograr ha­cer de cualquiera de no­sotros alguien semejante a esas personas de inten­so magnetismo, y mirada resplandeciente, cuya cercanía física es capaz de «alimentar» y tonificar eficazmente el alma de las masas.

Bien de Ojo

Todos sabemos que no es lo mismo ver a determinado líder directa­mente que verlo en la televisión, donde podemos contemplar sus ojos, pero es imposible que nos al­cance el poder benéfico de su mirada. Ahora, gra­cias a Sheldrake y a otros investigadores no menos iconoclastas, sabemos también por qué se produce esa diferencia.

Ejercicios prácticos

El Arte del Bien mirar

Cada hombre y cada mujer es una estrella», afirmaba Aleister Crowley, el último gran mago de Occidente.

La mayoría permanecen fijas en las heladas distancias del Universo. Pero otras llegan a convertirse en resplandecientes cometas cuyas brillantes estelas, al rozarnos, des­piertan lo mejor de nosotros mismos.
Hagamos que nues­tros ojos se transformen en cometas dadores de vida

En México

En México ­país de tan antiguas y arraigadas tradiciones y prácti­cas esotéricas son muchas las personas que pueden ofenderse, e incluso reaccionar violentamen­te, porque alguien les «miró feo».

Imagínese cómo reaccionarán las personas de su en­torno cuando usted aprenda a «mirar bo­nito», y las ventajas que podrá obtener de ello en su vida. Pero quien quiera poseer una mirada magnética debe mi­rar primero dentro de sí mismo y purificar las intenciones de su corazón.


«De lo que abunda en el corazón ­habla la boca»

Eclesiastes

Y también, sobre todo, hablan los ojos. La más elemental de las reglas psicológicas nos advierte que de nada le servirán los ejercicios que siguen a quien mantenga hacia los demás una actitud mísera o egoísta.

Porque el ojo no es más que un proyector-­amplificador de los propios sentimientos y nadie, por muy hipócrita que sea, es ca­paz de disfrazar su mirada.

Las miradas, por contra, desnudan tanto cuanto más desnudas son. Pero es necesario aprender, ante todo, a desnudarse ante sí mismo y dedicarse a una severa limpieza interior.

Intentemos que la basura desaparezca antes de que pueda escaparse una sola brizna de ella a través de nuestros ojos.

CÓMO ACUMULAR ENERGÍA

• La producción de fuerza mag­nética está íntimanente relaciona­da con nuestro estado físico, psí­quico y moral; por tanto, hay que cuidar del cuerpo, de la conscien­cia y ­en la medida de lo posible­ hasta del inconsciente.

El equili­brio orgánico, el autocontrol y el desarrollo racional de las faculta­ des del espíritu serán los objeti­vos que ha de proponerse quien quiera adquirir poder magnético

Se trata, lógicamente, de todo un estilo de vida que no puede lo­grarse de la noche a la mañana, pero al que hay que tender si se desea aumentar la capacidad de influencia psíquica.

• Acostúmbrese a sentir física­ mente el paso de la energía den­tro de su cuerpo. Al despertar por la mañana, túmbese boca arriba sobre una alfombra y relájese. Concéntrese mentalmente en una parte de su cuerpo ­el bajo vientre, por ejemplo y una vez que la sienta completamente re­lajada, imagínese que su volun­tad dirige hacia allí toda la ener­gía disponible; esté entonces atento a sus sensaciones físicas.

Siguiente paso

• El paso siguiente ­tras cuatro o cinco días de repetir el ejercicio anterior­ será hacer lo mismo, pero dirigiendo mentalmente la energía hacia el plexo solar, situa­do encima del estómago.

Donde los más conpiscuos magnetizado­res aseguran que se encuentra la «batería» energética que ha de dar luego fuerza a nuestros ojos.

Respire muy despacio y concén­trese en esa parte del cuerpo. Luego, dirija su atención al punto que se encuentra sobre la nariz y entre las cejas, dirija allí su ener­gía interior y trate de visualizar, mientras respira con mucha lenti­tud, el paso de esa energía desde el plexo solar hasta ese punto.

• Como sabe por experiencia propia cualquier montañero o senderista, los lugares elevados son excelentes para acumular energía psíquica. Procure tam­bién acercarse lo más posible a la orilla del mar en cualquier época del año o dar grandes paseos por zonas arboladas durante el perio­do «acumulativo».

PARA CONCENTRAR LA MIRADA

Paso 1

• Torne una hoja en blanco y di­buje en su centro un círculo negro
del tamaño de una moneda de cien pesetas.

Fije la hoja en una pared de su cuarto y a una altura que no le obligue, estando senta­do, a levantar demasiado la cabe­za para mirar el círculo.

Siéntese cómodamente, frente a la hoja, a unos dos metros de distancia, más o menos. Mire fijamente al círculo negro el mayor tiempo po­sible, sin que ojos ni pensamiento se aparten del mismo.

• Haga este ejercicio varias ve­ces, intercalando pausas para evi­tar la fatiga ocular, pero procu­rando que los momentos de con­centración visual y mental sean cada vez más prolongados.

Sin embargo, no se fuerce nunca. Cuando dirigimos nuestra mirada con fuerza sobre un punto con­creto, pero la mantenemos con excesiva tenacidad, se forma una especie de nube entre el objeto de la visión y los ojos. Evitemos que tal cosa llegue a producirse.

• Al principio no podrá soportar la tensión más de tres o cuatro minutos; pero al cabo de varios días podrá llegar fácilmente hasta diez e incluso quince minutos, pues lo habitual es que la concentración de la mirada se desarrolle con rapidez

Paso 2

• Después de una semana practi­cando todo lo anterior, los ejerci­cios se repiten, pero con dos puntos de atención.

Colóquese en un lugar equidistante a dos paredes enfrentadas, en cada una de las cuales habrá colocado, a la misma altura, sendas hojas de pa­pel con un punto negro dibujado en cada una de ellas.

Vuelva la cabeza sucesivamente a una y otra pared hasta que logre fijar su atención visual en cada uno de los puntos durante más de siete minutos sin fatigarse.

• Repita el ejercicio precedente durante cuatro días, al cabo de los cuales lo hará moviendo no la cabeza, sino los ojos, de uno a otro punto, y manteniendo fijada en ellos la mirada.

Se trata de un entrenamiento excelente: fortale­ce los músculos que mueven a los globos oculares y da a la mi­rada una gran seguridad.

Paso 3

• El paso siguiente consiste en colocarse frente a un espejo, a la distancia de su visión normal y cómodamente sentado, y fijar la mirada en la imagen del propio entrecejo, siguiendo las mismas instrucciones de los ejercicios an­ teriores.

Con éste, además de in­crementar el poder de su mirada, tendrá ocasión de reflexionar so­bre el aspecto físico que ofrece a los demás ­reflejo de su actitud hacia ellos­, con las consecuen­cias que ello conlleva, y tratará, sin duda, de mejorarlo.

Mirarse al espejo

Fascinación magnética en la vida cotidiana

• Cuando se encuentre en un patio de butacas, mire a cualquier persona situada a poca distancia delante de ústed y fije la mirada en su nuca, con voluntad tranqui­la, pero decidida.

Concentre toda la energía mental en transmitirle su deseo de que vuelva la cabeza y le mire a usted. El número de éxitos que consiga estará en relación directa a la asiduidad con que haya llevado a cabo los anteriores ejercicios,

También le servirá esta práctica para que, al cabo de algún tiempo, pueda llegar a reconocer el tipo de personas que se dejan influir magnética­mente por usted con mayor facilidad.

• Adquiera el hábito de mirar al entrecejo de su interlo­cutor mientras usted le dirige la palabra. Los iniciados hindúes llaman a esta forma de mirar
«El Oj0 de Shiva», y le conceden una importancia capital, tanto
para conocer las intenciones de la persona que tenemos enfrente como para influir en ella magnéticamente.

Ojo de Shiva

HAGA EL BIEN DE OJO

• Los hipnotizadores de teatro adoptan, para impresionar a
su público, una mira­da brutal y domina­dora que pretende ser magnética y fasci­nante. Olvídese com­pletamente de utili­zar tal gesto en su vida cotidiana.


La mirada verdade­ramente magnética es aquélla de la que emanan dulzura, cal­ma, nobleza y bon­dad. Se trata de una fuerza en reposo, pe­ro potente y dispues­ta a la acción inme­diata, sin ser agresi­va nunca. Es, en suma, la mirada de la generosidad. Trate de reproducirla frente al espejo, y reflexione sobre qué le impide adoptarla siempre.

• Desconfíe, por sis­tema, de aquellas personas que usan gafas de sol constan­temente y sin necesi­dad, incluso en recin­tos cerrados y de noche.

Cuando se en­cuentre con alguien de estas característi­cas, no le mire nunca a los ojos, salvo que se quite las gafas.


Consciente, o incons­cientemente, vampi­rizan la energía con­tenida en la mirada de los demás, al tiem­po que pretenden descubrir nuestra manera de pensar.


En un caso así, lo me­jor que puede hacer es intentar invertir la
situación.

Mantenga la conversación con normalidad y, al lle­gar a un punto importante de la mis­ma, diríjase a su in­terlocutor con un cortés

«¿le importa­ ría quitarse las ga­fas? Esta situación me hace sentir incó­modo».

Observe lue­go la reacción del «vampiro psíquico».
No intentará volver a emplear su estrategia con usted y, proba­blemente, se lo pen­sará antes de hacerlo con otras personas.

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El Poder de Tu Mirada y Cómo Aumentarlo.
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El Poder de Tu Mirada y Cómo Aumentarlo.
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Descubre las teorías del Poder de la Mirada y Varios ejercicios muy Poderosos para tener una Mirada Poderosa, Seductora, Telepática y Fascinante. 3 Ejercicios prácticos
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